Mostrando entradas con la etiqueta Olimpia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Olimpia. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de octubre de 2011

El poder de la mitología griega

En una ocasión, cierta persona con escasos estudios me hizo un comentario acerca de la mitología griega que me ha estado rondando la cabeza durante los seis años que han pasado desde entonces: "Mola mucho, porque tiene como un simbolismo..."

No sé si es un fondo simbólico o alegórico lo que tiene la mitología griega, o su ilimitada crudeza, que no deja lugar para la censura, pero de lo que no cabe la menor duda es del inmenso poder que ejerce en los jóvenes, sin distinción de edad o inclinaciones académicas.


Esta mañana he vivido uno de esos momentos inolvidables en la vida de un profesor. Era una clase de Lengua castellana y Literatura de 2º de la ESO. Cuando acabamos de corregir unos ejercicios de análisis morfológico, algunos alumnos me pidieron que les contara "una historia", "una leyenda". No dudé en elegir la del personaje que da nombre a este blog, un mito que lo tiene todo: amor, incesto, princesa, pretendientes, competición, engaños, maldiciones... y muertes. Tal como esperaba, conforme avanzaba el relato, no tuve que mandar callar a ninguno de ellos. Durante mis breves pausas, no se oía una mosca: sus ojos no perdían de vista los míos y viceversa, y en sus aniñados rostros, tensos, crédulos, ávidos de curiosidad, se adivinaba una incontenible impaciencia por descubrir el final de la historia. Y no sólo eso, porque faltando menos de diez minutos para el final de la clase, cuando me oyeron decir que no daba tiempo a contar la continuación de las maldiciones de Enómao y Mírtilo en Pélope y luego Layo, me pidieron, me suplicaron con denodada insistencia, que prosiguiera. Lo he vivido muchas veces con otros grupos y edades, pero lo de hoy ha sido especialmente intenso.  


Esto, es decir, que el alumno por fin se libere del chip escuela = muermo, fin de la clase = fin de la conexión, sólo ocurre con la mitología griega, que yo sepa. Y hay que aprovecharlo.

viernes, 3 de septiembre de 2010

"PERO ES MÍTICO"

Bueno, va siendo hora de contar anécdotas del viaje. La primera que se me ocurre tuvo lugar en Olimpia.

Primero visitamos el recinto arqueológico, donde, entre otras, tomé imágenes de esta interesante muestra de evolución arquitectónica, concretamente del equino (parte inferior del capitel) en el templo de Hera. Este templo fue inicialmente construido en madera y poco a poco sus distintas partes fueron sustituidas por otras de piedra, siguiendo los estilos imperantes en cada época. En estas tres columnas se puede apreciar la diferencia entre dos tipos de equino:



En el estadio, donde nacieron los Juegos Olímpicos, tuve ocasión de filmar esta carrera:



Y a continuación, mientras Jacobo proseguía su visita por el museo, me fui con mi hermano en busca del río Alfeo. Por el recinto sólo pasa el Cládeo, su afluente, que ya vi en mi viaje del 2005:





Pero a mí me interesaba ver el Alfeo, que no es un simple arroyo. Como no lo encontraba, les pregunté a los vigilantes de la entrada, una chica de no más de veinte años, una mujer mayor y un hombre maduro. Ellos amablemente empezaron a indicarme, hasta que la señora mayor interrumpió: "Μα γιατί θέλεις να δείς τον Αλφειό; Δεν έχει τίποτα", es decir, "¿Pero para qué quieres ver el Alfeo? No tiene nada", a lo que yo respondí, con cierto tono de indignación: "Αλλά είναι μυθικός!", esto es, "¡Pero es mítico!" Sin saber seguramente a qué me refería, los tres hicieron como que me comprendían y la chica sonrió en un gesto de sabio asentimiento.

Y a lo que me refería es a que el Alfeo no era para los griegos una simple corriente de agua, sino un dios, el mismo que aparece representado en el frontón oriental del templo de Zeus, contemplando los preparativos de la carrera de carros entre Enómao y Pélope,





junto con el Cládeo:





Pues bien, cogimos el coche y después de apartarnos bastante del recinto, no encontramos nada. Cuando ya estábamos agotados de dar vueltas en coche y a pie, pregunté a un conductor que salía de las fincas y me informó. Por fin, rodeados del omnipresente sonido de las cigarras, pudimos divisarlo a lo lejos:





luego de cerca,





 y por último filmarlo: