domingo, 9 de mayo de 2010

EL ENEMIGO DE HOMER

"Tenemos mucho que decir de este episodio."

"Está en mi lista personal de mis tres episodios favoritos."


Palabras de Matt Groening, Josh Weinstein (productor ejecutivo y supervisor), Jim Reardon (director) y Hank Azaria. Comprensible.

Se podría considerar un episodio imperfecto. Toda la subtrama de Bart, y no digamos su final, me parece floja, sosa e insustancial. Por otro lado, la historia principal es tan simple, tan parada incluso, que difícilmente se la podría calificar de genial. De todos modos, como se verá más adelante, ambas "imperfecciones" son conscientes: la primera tiene su razón de ser en el conjunto y la segunda es sabiamente limada hasta quedar como oro bruñido. En realidad, no hay un solo gesto, una sola palabra que sobren, porque todos están milimétricamente medidos.

Aun si no las considerásemos así, todos los aspectos analizables en una serie como ésta alcanzan su culminación en este episodio, y para mí cualquiera de ellos por sí solo eleva la nota hasta el 10. Veíamos anunciada la culminación de esos tres aspectos ya en la temporada 6 y más a menudo en la 7; la veíamos lograda más recientemente en Sólo se muda dos veces:

"Cada año queríamos hacer episodios que fuesen más allá desde el punto de vista conceptual. Y éste es uno de ellos."

PRIMER ASPECTO: SU REDONDEZ, LA AUTOSUFICIENCIA DEL ARGUMENTO

Nada de florituras ni recovecos a lo Homer al máximo, Discusión familiar o El juego de la silla, que no hacen sino intentar disimular la carencia de buenas ideas que den de sí (pongo esos tres ejemplos de las temporadas no clásicas, por ser extremos, pero los hubo también antes). Tan sólo este planteamiento bien sencillo, expresado así en los audiocomentarios: "¿Y si un tío, aparentemente del mundo real, tuviese que lidiar con Homer?" Aunque se introduce una subtrama, la historia de ese tío normal abre el episodio en el mismo comienzo y es llevada con singular maestría narrativa hasta el mismo fotograma final, cuando vemos desaparecer de nuestra vista su ataúd:

   
 

Nunca un personaje tan memorable ha sido tan efímero. Las caras entrañables que pone Kent Brockman, con esa leve inclinación de la cabeza, el cursi título de su sección sobreimpresionado en un recuadro rosa y el rostro fatal de un personaje inédito, preludian algo grande. Los rasgos acusados de Grimes (pelo negro, cejas gruesas, gafas gordas, gesto hosco) no pueden ser más acertados para crear esta expectativa. El doblaje de David García Vázquez (para mí, el mejor actor de la serie, y no sólo en su versión española, en realidad un prodigio), con sus realizaciones uvulares de las oclusivas velares, añade salero y fortalece la idea que ya vemos gestada: la vida es un chiste.

Y lo es porque está poblada de personas así:


-Ésa es la clase de hombre que necesito en mi equipo, Smithers. Un hombre que se ha hecho a sí mismo. Tráigamelo: le nombraré Vicepresidente Ejecutivo.

 
-Smithers, acabo de ver un perro heroico en la televisión. Salvó a un bebé de ser arrollado por un coche y empujó bajo el coche a un delincuente. Busque a ese perro: quiero nombrarlo Vicepresidente Ejecutivo.

 
-Frank Grimes.... Ejem... Se... hizo a sí mismo.

El porte del niño promesa se cruza con el gesto del anciano decidido a cargarse al primero del día:

 
-¡Has perdido!

El cambio de mirada del anciano chiflado:


-¿Puede explicar su maqueta, jovencito?

   
-¡Y vueltaa y vueltaa y vueltaaa!  -Homie, ¿estás ocupado?  -Sí.  -Ha llegado uno nuevo a la central. ¿Te vienes a saludarlo?  -Noo, ahora no. Estoy mareado. Quizá vaya al seguro a por la baja.

¿Tenéis idea de las millonadas que se gastan el Estado y las empresas privadas en mantener a todos los zánganos que se piden bajas porque les duele un dedo, porque tienen que ir al veterinario para capar al gato o simplemente porque les apetece? El absentismo no sólo es el peor cáncer de la Enseñanza Pública (tanto por lo que respecta a los alumnos como a los profesores y resto de personal), sino de todo el mercado laboral. Cáncer -ni que decir tiene- alentado por los políticos con su ejemplo. "Pero no creo que los guionistas se pongan tan serios. Estás acomodando la historia a tu ideario. ¡Son dibujos! ¡Dibujos, tío!", diréis. Bueno, bueno, eso lo veremos después.

No recuerdo otro episodio en que todos los personajes aparezcan tan rematadamente bien caracterizados, especialmente Burns y Homer, y por supuesto Grimes. Éste es el segundo aspecto que para mí alcanza su culminación:

LAS CARACTERIZACIONES

Pero no se trata de unas caracterizaciones gratuitas, hechas con afán de alardear, sino puestas al servicio de la historia: todas se ayudan mutuamente para contribuir controladamente a la gradación de un proceso que es el meollo de la historia: el enloquecimiento de Grimes:
 
"No tiene muchas bromas tontas. Tiene mucho análisis de caracteres y tal. Y creo que la gente no lo entendió."

Donde hay buenos animadores, las palabras sobran (en el tercer fotograma, perfecto contraste entre dos caracteres opuestos):

   

 

   El detalle de secarse la mano con la camisa:



El detalle del tic nervioso:

 
-De acuerdo. ¿Tengo que hacer algo?

El detalle de la boca llena, con un tímido y sutil anticipio del tic:

 
-¡Hola, flaco!  -Me llamo Grimes, Simpson, Frank Grimes. Si yo me he tomado la molestia de aprender tu nombre, ¿por qué no te aprendes tú el mío?  -Vale, Grimito.


-¿Qué? ¿Y tu señora?


-¡Ssh! Nos estás distrayendo.  


-¡Pero si éste es un concurso para niños!  -Sí, y Homer los ha dejado en la cuneta!

Hasta el cura lo borda:


-Frank Grimes, o Grimito, como le gustaba que lo llamaran, nos enseñó que un hombre puede triunfar pese a las adversidades.

Lo dicho, no sobra ni un gesto, ni una palabra. Es la culminación de esa otra piedra angular:

EL HUMOR

Humor fino, sutil, tácito, que impregna a esta etapa de la serie. ¿Recordáis a aquel Homer niño de ese otro episodio con caracterizaciones sublimes, Homer el Smithers? Aquí, cómo no, vemos de nuevo desplegado todo el abanico, pero llevado ya al colmo de la perfección gesticular y humorísitica. Nunca un personaje de cartón había estado tan vivo:

   
-Lo que pasa es que se siente inseguro, porque mientras tú llevas una vida fácil, a él le ha sido todo muy difícil.  -¡Sí, sí, ése es el problema! ¡Está chiflado! No es que yo sea un vago, no.
 
Caracterizaciones sublimes, humor inteligente y serio, animación exquisita... todo tan indisolublemente imbricado que no hay manera de comentarlo por partes. Pero aún queda la más genuina marca de la casa:

LA SÁTIRA MÁS MORDAZ

¡Sííí, Los Simpson tienen crítica social! ¿No lo sabíais? Parece mentira que todavía haya que ir recordando estas cosas, y parece mentira que en el estreno de la película los niños superaran a los adultos en una proporción de 10 a 1, como si los primeros se enteraran de un 1% de los chistes, alusiones y mensajes que pasan ante sus ojos.

En la extensa e intensa secuencia que sigue quedan elocuentemente amalgamados todos los aspectos que han alcanzado su culminación, y aquel amplio abanico de gestos ahora se expande hasta reventar en un primer momento culminante, ese clímax tan esperado a lo largo de la serie y que ya vimos anticipado en la explosión pública de Flanders. Sabían que la historia era grande y para dotarla de vida se aseguraron de contar con un elemento imprescindible:

LOS MEJORES DIBUJANTES

"Participaron dibujantes buenísimos en este episodio. Jeff Lynch, que ha hecho storyboards y segunda unidad en Spider Man, y Ted Mathot, que fue dibujante en The Incredibles."

       
-¡Dios! ¡Con lo que he trabajado todos los días de mi vida...! ¿Y qué me queda para demostrarlo? ¡Este portafolios y este corte de pelo! ¿Y qué te queda para demostrar a ti una vida de holgazanería e ignorancia?  -¿Qué?

El gesto milimetrado de la respuesta hay que verlo animado:

           
-¡Todo esto!

 
-¡Y... snf, snf... langostas para cenar!

       
-¡Lo que digo es que tú eres el problema de América, Simpson! ¡Caminas por la vida haciendo lo menos posible y aprovechándote de las personas trabajadoras como yo!

Cambio de plano, oprtunamente orientado hacia el espectador (no dan puntada sin hilo):

 
-¡Eres un fraude!

"Ésta es una de mis escenas favoritas. Este episodio es una combinación mágica de la interpretación de Hank, la animación y el guión de Schwartzwelder. Y esta escena está llena de... de..."

De lo que acabo de decir.

Tarde o temprano, el empleado competente tiene que quedarse completamente solo, sin nadie que quiera escucharle:

 

Olvidando su cometido, alejándose de su ser, se abandonará a la venganza. El plano cenital con giro de cámara señala ese viraje vital y los golpes de cuerdas de toda la orquesta son el pálpito de la tragedia que se avecina:

 

El vengador, que desentona en este chiste llamado "vida", es inteligente, pero carece de inteligencia emocional, y por ello precipitará su propia caída, necesaria para él y los demás :

   

Por fin ha caído en la trampa: va a dar la carnaza que todos esperan de aquél que no entre en el juego. Las tornas se cambian: el patoso caminar de pingüino y los ojos de beodo se cruzan con el porte militar y el semblante adusto de los peones que sostienen al jefe de todo este circo:  



Atención a la sonrisa del payaso mayor del circo, primero esbozada, luego explicitada:

 
-¡Soy Homer Simpson!  -¡Je je, qué más quisieras!

En el circo se organizan espectáculos circenses, muy cruentos, para deleite del público:

 

Al menos, la desgraciada víctima gozará en el más allá de un consuelo, al ver cómo su cuerpo inerte recibe un honroso funeral y será plañido con el debido decoro:

 
-Cambia de canal, Marge.  -¡Ése es Homer!

La historia es tan redonda, que ni se necesitan más personajes. Ni rollos matrimoniales, ni flashbacks sensibleros, ni lacrimógenas escenas de amor paterno-filial, ni acción pretenciosa, ni cambios de escenario, ni desastres naturales o incendios que sirvan de expediente para solucionar la papeleta. Si hay una subtrama intrascendente, es porque había que aliviar el episodio de tanta carga emocional y seriedad: "Queríamos añadir una historia con Bart o Lisa para contrastar con la seriedad y la realidad de Frank Grimes."

Y la realidad, por supuesto, de Springfield:
 
"No quiero ponerme demasiado profundo, pero este episodio tiene un toque zen. Creo que es una de las razones por las que no gustó. Te remite al mundo real. La gente decía que éstos eran los peores episodios."

"Otro asunto es que la gente ve la tele para escapar de la realidad, y cuando Frank Grimes te hace enfrentarte a la realidad, o te distancias y lo disfrutas o..."

"Es lo que pasa en la tele. Los reality shows no son tan reales... O son cosas absurdas, como Lost o, incluso, 24. Es raro que una serie sea realista. Los Simpson, aunque sea absurda, tiene muchas más emociones reales.

"Cuando se estrenó, mucha gente se enfadó."
 

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